| Todo
comenzó cuando recibí una invitación del
Integral Institute , de Estados Unidos, para participar de un
seminario sobre Liderazgo Integral, dictado por Ken Wilber y
otros colegas. Teniendo en cuenta que el Integral Institute
declara que una de sus funciones es promover las iniciativas
integrales en todo el mundo, mi primera reacción fue
de indignación (enseguida explicaré por qué);
luego di paso a la reflexión sobre las relaciones Norte-Sur
en el marco de lo integral, y decidí escribir estas líneas
para plantear un debate sobre un tema soslayado en los ámbitos
de la Psicología Transpersonal.
Pertenezco
a una sociedad hija (no reconocida) de la Modernidad Euro-Norteamericana.
Con ello, como tantos otros, soy heredero del fantástico
avance cultural que representó el surgimiento de este
período de la Historia caracterizado por el irrefrenable
avance de la ciencia, la tecnología, las democracias,
los derechos humanos, la independencia de la justicia, la
diferenciación Estado-Iglesia, la revolución
industrial, el acceso masivo a la salud, a la información,
a la educación, etc. Una sumatoria de privilegios que
hubieran sido impensables para mis lejanos ancestros.
La
Modernidad como tal se inicia en las postrimerías del
Renacimiento, prosiguiendo a través de la Ilustración
y tiene entre algunas de sus figuras emblemáticas a
Descartes, Kepler, Galileo y Newton. Naciendo en Europa se
desplegó plenamente en Norteamérica. Esas tierras
dejaron de ser colonia con mayor prontitud que Sudamérica,
y se constituyeron en la poderosa Unión de Estados
que hoy conocemos, la cual generó el mayor avance tecnológico-cultural
de las historia de la Humanidad, y también, por qué
negarlo, la más temible maquinaria bélica.
Nosotros,
en lo que hoy es la República Argentina, también
fuimos colonizados, y allá por 1853, fruto de la generación
de Alberdi, copiamos de los Estados Unidos e Inglaterra una
constitución liberal, a partir de lo cual "formalmente"
entramos en la Modernidad. Pero un siglo y medio después,
nuestras raíces, nuestros vicios culturales y los resultados
en términos de ordenamiento social, se asemejan más
a una sociedad premoderna que a una república liberal.
La
sucesión de golpes militares a los frágiles
gobiernos democráticamente elegidos es uno de los más
claros signos de nuestra pre-modernidad: el pasado 10 de diciembre
cumplimos nuestros primeros 20 años de democracia ininterrumpida
desde la década del 30 hasta la fecha. No obstante
ello, nuestro país continúa siendo un conglomerado
de feudos gobernados por viejos caudillos políticos
que asientan su poder en la corrupción estructural,
más que en la legitimidad de la voluntad popular. El
exponente más tristemente célebre de este nefasto
sistema fue Carlos Menem; y aquí me detengo un instante
para volver la mirada hacia el Norte.
Durante
una década, este siniestro personaje vendió
el país, literalmente, con la pasiva complicidad de
una sociedad adormecida y una clase media enamorada de "pertenecer"
al primer mundo. (Yo mismo compré ese discurso.) Pero
el caudillo riojano fue presentado en Washington como el más
claro exponente sudamericano del único modelo política
y económicamente "correcto". Modelo que a
nivel mundial llevó a Fukuyama a decretar "el
fin de la historia". Carlos Menem y su sicario Domingo
Cavallo, según los "gurúes" financieros
de aquí y de allá, eran el ejemplo a seguir
respecto de cómo se sacaba a un país del subdesarrollo
y se lo insertaba en la modernidad. Pero ese modelo que enajenó
inescrupulosamente los bienes del estado, entregándolos
al mejor postor, implotó en diciembre del 2001, con
una crisis financiera de dimensiones extraordinarias, una
altísima tasa de desempleo, y el colapso del sistema
bancario con la esquilma a los ahorristas legalmente autorizada
y la fuga de casi 20 mil millones de dólares, obviamente
irrecuperables. Entonces los argentinos nos miramos a la cara
nuevamente, y nos dimos cuenta de que éramos (siempre
lo habíamos sido) un país empobrecido, lejos,
muy lejos del mundo desarrollado.
El
porteño (soberbio si lo hay) tuvo que reconocer su
pertenencia a la subdesarrollada América Latina.
Y
por el Norte, ¿cómo andamos?
¿Cuál
ha sido la autocrítica de los organismos multinacionales
de crédito al prestar dinero para financiar un déficit
fiscal producto de la corrupción estructural? Esa fabulosa
estafa llamada Deuda Externa, de alrededor de 180 mil millones
de dólares que el Norte nos ayudó a generar,
fue, es y será una gran farsa. Ese dinero no está.
Nunca estuvo. No se utilizó para financiar obras de
infraestructura, desarrollo industrial, educación,
salud, tecnología. Esa gran estafa es producto de la
corrupción del Norte y del Sur. Ese dinero está
en muchas cuentas bancarias cifradas de políticos,
financistas y empresarios, tanto de aquí como de allá.
¿Realmente
le importa al Norte lo que sucede en el Sur? ¿O el
Norte aún continúa siendo un Imperio que vive
de sus colonias? Cuando un estadounidense dice "nosotros,
los americanos", es claro que no nos está incluyendo
a nosotros, los "otros" americanos. Estos americanos
del Sur somos sólo "sudacas", frecuentemente
considerados como seres primitivos, gauchos rudos e ignorantes.
Don
Beck y Christopher Cowan desarrollaron un modelo psicoantropológico
llamado "la Espiral Dinámica", señalando
que la conciencia humana tanto individual como colectivamente
se expresa a través de "memes" o modalidades
diferenciadas de percepción. Estas oleadas de conciencia
van de lo más primario y fragmentado a lo más
complejo e integrado. Esto se ve en el individuo, -no importa
el país o raza a la que pertenezca-, y también
en las culturas (valores compartidos por un conjunto de individuos).
Para
graficar estos memes les asignaron un color a cada uno, de
la siguiente forma: el meme beige (la conciencia sensoriomotor-cultura
arcaica), el meme púrpura (conciencia mágico-animista),
el meme azul (conciencia mítico-religiosa), el meme
naranja (conciencia individual-racional), el meme verde (conciencia
sensible a lo colectivo, el meme amarillo (conciencia integrada
u holística), el meme turquesa (conciencia universal
volcada a lo grupal). Evolutivamente, tanto los individuos
como las sociedades vamos migrando hacia memes de una conciencia
mayor y más integrada, desde el beige hacia el turquesa.
Este
modelo plantea una visión revolucionaria respecto al
hombre, su historia, su devenir y sus culturas, ya que no
se coloca el énfasis en el color de piel, la religión
y las etnias, sino en el estadio de conciencia (meme) en el
que está básicamente instalado el individuo
independientemente del cuerpo físico que utilice para
expresarse.
El
meme azul, vinculado al pensamiento mítico, al ordenamiento
feudal, es muy fuerte en estas latitudes y es la base de sustento
de la premodernidad. Del meme azul se pasa al naranja (la
racionalidad y su consecuencia cultural: la modernidad.
La
nuestra es una sociedad con raíces fuertemente púrpura-azul-rojo
y con tintes naranjas. El Norte y su Modernidad es predominantemente
naranja. Pero conserva en amplios sectores de su población
los rasgos del meme azul-rojo.
La
historia de Europa está escrita a sangre y fuego (rojo-azul)
y su política exterior fue (y continúa siendo)
imperial-expansiva. Norteamérica practica otro tipo
de imperialismo: la succión de las riquezas por medios
menos frontales, más elegantes, y, con ello, más
solapados: la ingeniería financiera, las grandes corporaciones,
los subsidios agrícolas, el ALCA, etc.. Aunque últimamente
y a partir del 11 de septiembre del 2001 ha habido un retroceso
a la fase más roja de la concepción imperial,
imponiéndose a través de la fuerza y la violencia,
como lo podemos ver en lo sucedido respecto de Irak y Afganistán.
Los propios norteamericanos y fruto de su madurez como sociedad,
hacen una profunda autocrítica hacia adentro y hacia
afuera. Esto se debe a la presencia del meme verde, que tiene
la capacidad de pensar con la sensibilidad suficiente como
para considerar la existencia del otro (solidaridad)
Encontramos
esta autocrítica instrumentada en el pensamiento de
agudos intelectuales, como por ejemplo el lingüista Noam
Chomsky y el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz
o Susan Sotang (en su última obra "Sobre el sufrimiento
de los otros" ). Inclusive en el propio mundo del espectáculo,
algunos de la talla de Tim Robins, Susan Sarandon, Sean Penn,
el cineasta Michael Moore, denuncian las contradicciones de
la sociedad americana, subrayando su arrogancia, su responsabilidad
directa en el aumento de la pobreza, su intolerancia hacia
la libertad ajena y, parafraseando al mismo Michael Moore,
"la estupidez del hombre blanco".
Estados
Unidos vive en una burbuja: el resto de los países
o sirven a sus intereses con explícito consentimiento,
o bien son explotados cohersitivamente.
¿Qué
tiene que ver el pobre de Ken Wilber con todo esto? Al fin
y al cabo es un buen tipo que ha hecho una gran contribución
al mundo del pensamiento y por lo cual le estoy profundamente
agradecido.
Como
mencioné al comienzo, hace pocos días recibí
vía e-mail una invitación para participar de
un seminario con Ken y otros miembros del Integral Institute
: algo muy exclusivo, sólo para cuarenta personas,
por la "módica" suma de U$S 3.500 (sin incluir
viaje ni alojamiento). Francamente me resultó humillante,
y vi en esa iniciativa la "estupidez norteamericana",
totalmente alejada de lo que se pretende desplegar bajo el
nombre de "iniciativas integrales". Esto no me afectó
tanto a nivel personal, porque soy un profesional exitoso
en lo que hago, y si quisiera tal vez podría asistir.
Pero me pegó en mi corazón latinoamericano.
¡Qué ejemplo tan grande de autismo! Cuando Wilber
habla de un abrazo integral, ¿de qué está
hablando?
Adscribo
plenamente al enfoque integral, pero entre otras cosas éste
requeriría de un profundo debate cultural sobre las
relaciones del Norte con el Sur, de la premodernidad con la
modernidad. Necesita de una revisión consciente respecto
de cómo se ayuda a una sociedad en vías de desarrollo
a entrar realmente en la esfera de la modernidad. No es coherente
hablar de integración sin considerar profundamente
los mecanismos políticos que generan cotidianamente
injusticia por doquier, con cientos de miles de inocentes
obligados al hambre y a la miseria. ¿Acaso habrá
que recurrir a la idea del karma ? No puede haber integración
donde hay hambre. Y el Norte tiene una insoslayable responsabilidad
en el retraso de nuestros pueblos.
Alguien
podría objetar que yo tengo la posibilidad de solicitar
al Instituto Integral una beca para participar del Seminario.
Pero es que no se trata de mí : se trata de nosotros.
Me hubiera gustado recibir una invitación en la cual
se contemplara explícitamente la posibilidad de que
mentes lúcidas que habitan el Sur de este continente
participarán sin tener que mendigar una quita en el
arancel.
En
una entrevista del 2001, Wilber habla de ejercer un "control
de calidad" respecto del nivel de desarrollo interno
que debería tener una persona o grupo para recibir
ayuda financiera de parte del Instituto Integral. Ahora, bien,
yo pregunto: ¿qué autoridad tiene Ken para determinar
la "calidad" o el nivel en donde está focalizada
la conciencia de un individuo? ¿Cómo detecta
las personas pertenecientes a ese 2% que desarrollaron un
pensamiento de 2do. grado (pensamiento holístico, altamente
evolucionado) y merecen una ayuda?
¿Sabe
Ken qué pasa por estos lares? Y, vuelvo a recalcarlo,
no estoy hablando de financiación en términos
de dinero. Sí de estímulo para los pocos memes
verdes-amarillos que andan por aquí, personas internamente
evolucionadas, muchas de ellas profesionales impregnadas del
modelo Integral, pero sumidas en la diaria lucha por la supervivencia,
o aún en la pobreza (conozco a varios) y que a veces
ni siquiera pueden acceder a una PC con internet.
Me gustaría que el Instituto Integral
tuviera, coherentemente, un mayor compromiso en calmar el
malestar de la globalización dentro de su limitada
esfera de acción. Si hablamos de la necesidad de una
Política Integral, estos temas no pueden soslayarse.
Hace falta otra Ética aquí y allá.
Algo tragicómico del seminario es
que uno de los profesores es argentino: Fred Kofman. En una
entrevista transcripta por el Instituto Shambhala y realizada
durante la capacitación sobre Auténtico Liderazgo,
el 11 de junio de 2001 en Halifax, Nueva Escocia, Canadá,
el muchacho habla de la historia reciente de la Argentina.
Por Dios!! Fred: debes ser una buena persona, tal vez un excelente
matemático y economista ya que tuviste el privilegio
de estudiar en el MIT, pero... qué ignorante que sos
respecto de lo que pasa por estas tierras! Leer tus comentarios
da un poco de vergüenza. Parecería que después
de vivir tantos años en USA te impregnó esa
suerte de autismo cultural predominante en esas tierras.
Te recomiendo leer a Jauretche, Feinmann, Sábato, Nun,
Boron, etc., para comprender cómo y por qué
llegamos a este estado de situación.
Dejando de lado el anecdotario personal,
sigamos: ¿Qué significa "integrar",
en términos culturales? O mejor dicho, ¿cómo?
En Latinoamérica existe localmente el problema de cómo
integrar al indígena con el blanco. Hay siglos de resentimiento.
Me contaba una colega de La Paz, Bolivia, durante los días
de la revuelta civil que finalizó con la caída
del gobierno de Sánchez de Lozada, que el problema
no terminaba ahí, sino que tan sólo se abría
una tregua, ya que hay una ruptura cultural de base entre
los indígenas y los "blancos" nativos.
¿Cómo
se integran culturas que durante siglos se han opuesto en
tanto que valores económicos, políticos, educacionales,
etc.? ¿Cómo integrar una Sudamérica que
nació como hija bastarda del conquistador europeo?
Por
mis venas corre sangre europea mezclada con sangre india,
combinada de mala manera, pues esa unión no fue acordada
a través del amor. En nuestra América del Sur
hace 5 siglos existía una cultura indígena con
sus propios valores y costumbres. Hoy habitamos estas tierras
millones de "blancos" que no terminamos de pertenecer
a nuestros orígenes étnicos ni a la cultura
euro-norteamericana. ¿Como integrarnos, cómo
trascender el resentimiento de tantos años de explotación
e indiferencia?
Un
modo de comenzar podría ser nuestra propia autocrítica.
Ver la responsabilidad que nos compete respecto de la calamitosa
situación social a la que hemos llegado. Hacernos cargo
maduramente de nuestra responsabilidad al elegir y permitir
que políticos corruptos gobiernen estas tierras, nuestra
anuencia al ser un factor pasivo en el juego de las instituciones.
Actualmente
en nuestro país se está ventilando por primera
vez una sofisticada modalidad de corrupción de esta
democracia inexperta: la "compra" de leyes. ¿Qué
es esto? Fue denunciado el hecho de que, para que se promulgaran
leyes que fueran beneficiosas para las grandes corporaciones,
se había instituido secretamente un sistema de "peaje",
compra del voto de los legisladores para que apoyaran la aprobación
de esas leyes. Esto siempre se supo, pero como sociedad permanecimos
pasivos ante los rumores que no lo eran tanto. En el 2000,
y a pedido del FMI , se compró una ley que hizo retroceder
50 años las conquistas que después de muchas
luchas consiguieron los trabajadores argentinos. Se denunció
el caso y la sociedad permaneció pasiva. Recién
3 años después, -y tal vez sea ésta una
bisagra histórica-, el tema ha salido a la luz y se
discute públicamente.
Tenemos
que hacernos cargo de nuestra responsabilidad en el saqueo
al que fue expuesto nuestro país y sus consecuencias
en la desnutrición y mortalidad infantil que nos golpea
a la cara.
Esta
autocrítica, de hecho, es indispensable para sanear
el sistema político. Pero, ¿y por el Norte cómo
andamos? Porque no podemos obviar que esta Ley, como tantos
otros manejos económicos, ha sido estimulada desde
el Norte. Sin embargo, a la hora de asumir cargos el Imperio
mira para otro lado. La indiferencia frente a la masacre que
ha vivido y vive esta parte del mundo es cuanto menos inmoral.
Mario Benedetti expresa bellamente la esencia de esta realidad
en un bello poema "El Sur también existe",
que luego Serrat hizo canción.
Entonces,
¿cómo integrarnos? Leyendo un texto de Roger
Walsh, -otro de los americanos que dictará el Seminario
con Wilber-. ratifico mi impresión. El autor, figura
notable del movimiento Humanista y, posteriormente, Transpersonal-Integral,
escribió allá por 1982 su libro "Seguir
vivos" , preocupado por el riesgo de una confrontación
nuclear entre USA y la US.
Pero
si el escenario de una hecatombe nuclear es escalofriante,
el ver el rostro de un niño hambreado por la injusticia
social también lo es: la guerra nuclear no se dio,
mas el hambre y la marginación siguieron su marcha
implacables. Walsh se pregunta, luego de un viaje por Oriente
y ver la condición de pobreza de esa sociedad: "Dónde
estuve hasta ahora? Estuve dormido?" Yo le pregunto a
Roger: ¿sabes lo que pasa aquí abajo? Cuando
"me invitaste" a un seminario tuyo que cuesta U$S
3.500, ¿estabas dormido o en estado de idiotez? ¿En
qué quedó tu preocupación por el futuro
de la humanidad? ¿Qué haces para ayudar a la
integración de culturas en choque? Es más fácil
preocuparse por el vecino lejano, que por el que está
sólo a metros de tu frontera, y cuya explotación
ha sustentado en parte tu propio bienestar.
El
Norte crece, se desarrolla, inventa, descubre, promueve. ¿Y
qué recibo yo de ello? Puedo responderme a esa pregunta
aceptando la importancia de la gran cantidad de literatura
inspiradora que ha llegado a mis manos procedente del Norte.
También que, sin duda, los resultados de las investigaciones
científicas en términos de salud y tecnología
que tornan mi vida más confortable. Tal vez sea esa
la ayuda del Norte para con el Sur. Pero mi caso personal
poco importa. Estoy hablando de lo macro. ¿Cómo
hacemos para, siguiendo el modelo Omninivel-Omnicuadrante
que propone Ken Wilber, generar condiciones para un gobierno
mundial o una Federación de Estados Democráticos
(cuadrante inferior derecho)? Sé que la Política
Integral es uno de los intereses del Instituto Integral. ¿Qué
prioridad se le otorga a ese punto crucial?
Veamos:
en el ámbito de la pareja, cuando existe una crisis
entre sus miembros, a veces se recurre a un abogado para tratar
las diferencias económicas y otras se acude a un psicoterapeuta.
Ése es mi trabajo, y la tarea de ayudar a resolver
un vínculo en crisis es ardua y compleja. Pero como
terapeuta sé que todo conflicto requiere de un elemento
indispensable en ambas partes: la disposición a hacerse
cargo de las responsabilidades individuales que coadyuvaron
para que se diera esa crisis en la relación. Para que
exista una reconciliación en paz (aunque esto a veces
signifique la separación) cada cual debe "ver"
su parte en la historia. Mirando lo mío disminuye mi
tendencia natural (o neurótica) a colocar el problema
afuera. Esto favorece la comprensión de las dificultades
y limitaciones recíprocas.
Ken
Wilber titula uno de sus libros "Ciencia y Religión:
el matrimonio entre el alma y los sentidos", y a lo largo
de sus páginas aplica un método similar para
una reconciliación entre la ciencia y la religión.
Creo que esa metodología podría ser aplicable
al choque de culturas mencionado por Samuel Huntington.
A
nivel macro, la ONU debería promover esa integración.
Ahora, ¿qué papel le ha dado USA a la ONU en
los últimos acontecimientos internacionales (por ejemplo,
en los acontecimientos referidos a Irak)? El de un viejo mueble
en desuso. Seguramente no es ése un ejemplo de Política
Integral.
¿Es
acaso la USA quien encabezará un gobierno mundial,
quien velará por un orden más justo, por la
paz y la prosperidad internacional? Eso me suena a Neoimperialismo.
Lo peor del meme azul-naranja.
Pobre
Ken, con su penosa enfermedad a cuestas y su enorme contribución
a un mundo más integrado. Y yo cuestionando desde aquí
abajo. Pero no se trata de una crítica fruto del resentimiento,
sino más bien de un problema conceptual. Cómo
llevamos a cabo juntos una tarea integral en el mundo. Cómo
acercar el Norte al Sur. Cómo deshacer la fragmentación.
Cómo curar heridas tan profundas.
Hace
un más de un siglo la Sociedad Teosófica se
puso como objetivo "formar un núcleo de Fraternidad
Universal sin distinción de castas, sexo, credo o color"
y "convocar a las mentes más elevadas" para
tal tarea. Esto fue la primer iniciativa integral a nivel
planetario que yo recuerde. Pero lamentablemente las mezquindades
personales, la falta de grandeza, el ego insidioso, hizo naufragar
tan bella propuesta.
El
Instituto Integral redobló esa apuesta en términos
planetarios. ¿Sus directivos tendrán sus corazones
abiertos, repletos de compasión, o estarán infectados
por el virus del "estúpido hombre blanco"?
Tal
como sucede a nivel planetario, dentro de mi país también
hay un "Norte" y un "Sur". En mi ciudad,
en mi barrio, en mi familia. En general yo pertenezco a ese
Norte local. Y es mi tarea personal ayudar a esa integración,
sin ser refractario o indiferente al dolor que golpea mi rostro.
Cuando
estoy con mi compañera, sentado en la mesa de algún
elegante restaurante y se me acerca algún niño
pobre pidiendo, a veces le doy dinero, a veces comida, a veces
una explicación de por qué no puedo darle algo.
Lo que nunca hago es ignorarlo . La indiferencia del que tiene
para aquél que no tiene es el peor de los insultos
y, obviamente, no ayuda a ninguna clase de integración.
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