Los
sueños a partir de las investigaciones actuales:
Hoy en día es mucho lo que se ha investigado sobre el
fenómeno del soñar, a partir de distintas disciplinas,
tales como la Neurofisiología, la Psicología y
la Psiquiatría. Dado que todos los mamíferos sueñan
(salvo, curiosamente, el oso hormiguero), los científicos
deducen que el soñar ha de ser importantísimo,
puesto que la evolución de las especies ha conservado
intacta esa función a lo largo de todas sus mutaciones,
siglo tras siglo.
Francisco
Varela, biólogo chileno radicado en los Estados Unidos
que investiga los puntos de contacto entre la ciencia occidental
y el Budismo, declara, en función de estos datos, que
...el sueño con REM [movimiento ocular rápido]
es una actividad cognitiva fundamental. Es el lugar donde
las personas pueden dedicarse al juego imaginario, probar
diferentes argumentos, aprender nuevas posibilidades; un espacio
innovador donde pueden surgir nuevas pautas y asociaciones,
donde puede reelaborase todo lo experimentado.
A partir
de todas estas investigaciones, actualmente podemos afirmar
que los sueños son:
Un mecanismo indispensable para conservar el equilibrio psicofísico
(si una persona
es privada del soñar, tal como lo muestran diversos
experimentos,
su salud y su psiquismo comienzan a desestabilizarse).
Un sistema de reordenamiento de las impresiones que recibimos
durante el
día (similar al proceso de desfragmentación
de las computadoras).
Un medio interno de ensayar conductas que luego utilizaremos
en nuestra vida
vigil (tal como decía Jung, los sueños tienen
una función motriz, es decir,
nos preparan para la conducta cotidiana).
Un mecanismo de digestión o elaboración
de material psicológico de fuerte
carga emocional.
Mediante la decodificación de su simbología,
los sueños son un medio para
propiciar el conocimiento de sí mismo y de aspectos
de la realidad que
en la vida de vigilia habían pasado aparentemente inadvertidos,
y que el sueño
subraya metafóricamente.
Quizás los sueños sean también un modo
de comunicarnos los unos con los
otros a través de un canal que no es la palabra, sino
la confluencia mental
más allá de la materia y de los límites
témporo-espaciales (como lo
veremos más adelante al desarrollar las distintas clases
de sueños vinculados
con la percepción extrasensorial).
Como lo señalan distintas disciplinas tal como el Yoga
de los Sueños practicado
por los tibetanos, tal vez los sueños también
sean un modo de vivir
experiencias tan válidas como las de la vida vigil,
y que nos permitan avanzar
en nuestro proceso de evolución hacia lo Trascendente.
Yo
nunca sueño!: A decir verdad, ése es un
enunciado imposible: todos soñamos, y no sólo
uno, sino muchos sueños cada noche, los recordemos
o no. El soñar es una función tan vital para
el equilibrio psicofísico (sí, el soñar,
y no solamente el dormir) que los experimentos en los laboratorios
de sueño demuestran que una persona a quien se le privara
de soñar, -aún durmiendo, pero impidiéndole
entrar en estado onírico-, al cabo de pocos días
(no más de tres) comenzaría a desestabilizarse
física, intelectual y emocionalmente: labilidad afectiva,
lagunas mentales, taquicardias, alucinaciones...
Si cada noche tenemos
varios sueños, entonces, ¿por qué no
los recordamos? En principio, el olvidar los sueños
es lo más común; esto significa que recordar
los sueños es un logro evolutivo de la especie. ¿Qué
es lo que esto significa? Que la Naturaleza (por llamarle
de algún modo) proveyó a los mamíferos
de ese mecanismo increíble que es la fábrica
de sueños: gracias a él, cada especie al soñar
ha ido elaborando la información obtenida en cada día
y ha ensayado en sus sueños conductas que le serían
útiles en la vigilia. Pero en los mamíferos
no humanos, no está la capacidad de distinguir entre
un sueño y la vida real, por lo cual si
no olvidara sus sueños, al despertar obraría
en consecuencia con lo soñado, como si la vigilia fuera
una continuación del sueño que acaba de tener.
Esto implicaría tomar decisiones equivocadas que atentarían
contra su supervivencia (por ejemplo, soñar que su
depredador ha muerto, y deambular como si en verdad no existiera!).
Pero evolutivamente en
los homínidos se desarrolló una nueva parte
del cerebro: el lóbulo parietal que, entre otras funciones,
permite articular la palabra y, con ella, el pensamiento racional.
Así, el hombre pudo pasar al lenguaje su mundo onírico,
y enunciar: Esto implica que los humanos, filogenéticamente
estamos estrenando una habilidad no presente en el resto de
los mamíferos: la de discernir el sueño de la
vigilia y, con ello, poder a veces recordar algunos de esos
sueños. ¿Por qué sólo algunos?
Porque cada vez que dormimos tenemos varios ciclos de sueños
(cada 90 minutos, por 20 minutos cada vez) y si recordáramos
todo lo que soñamos sería una cantidad de información
abrumadora para el sistema psicológico.
Sin
embargo, aún esos pocos sueños que recordamos
nos traen la posibilidad de un paso evolutivo aún más
complejo e increíble: ejercer la capacidad de interpretar
y comprender nuestros procesos internos a través de
la decodificación simbólica de esos sueños
que hayamos podido recordar. Ése es un salto evolutivo
que es privilegio exclusivo de nuestra especie (¡privilegio
que vale la pena aprovechar!).
Algunas
sugerencias prácticas para recordar los sueños:
Ciertas personas tienen una facilidad natural para recordar
sus sueños, otras poca, y otras casi ninguna. Sin embargo,
como la mayoría de las habilidades humanas, con el entrenamiento
apropiado podríamos decir que casi cualquier persona
podría ir aprendiendo a disponer de su memoria onírica.
(El casi daría pie a otra larga disquisición,
pues hay ciertos factores psicológicos y biológicos
que a veces dificultan el recuerdo de los sueños, tales
como la ingesta de ciertos psicofármacos o, yendo a lo
psíquico, la correspondencia con un estilo de personalidad
excesivamente autoexigente, ansiosa o controladora. Es su caso?).
Como dijimos, en Oriente
el trabajo con los sueños tiene muchas vertientes, y
es una auténtica disciplina de autoconocimiento. En el
mencionado Yoga de los Sueños, practicado en la cultura
tibetana, por ejemplo, mediante ciertos ejercicios se busca
desarrollar no sólo la memoria onírica, sino también
la capacidad de autoobservación durante el sueño
(sueño lúcido).
Aquí va una breve
guía sobre qué factores se pueden tener en cuenta
para recordar los propios sueños (si bien cada uno de
esto ítems, sabemos, requeriría de un tratamiento
más profundo que excede el espacio del que disponemos
aquí).
Al ir durmiéndose,
autoinducirse para recordar los sueños al despertar (esto
hace alusión a prácticas de meditación
y autoobservación que permiten vincularse de un modo
más fluido con el propio Inconsciente).
Al despertarse, quedarse
quieto un momento antes de disponerse a la actividad del día,
practicando la atención plena (esto es, brevemente explicado,
observando los propios contenidos mentales sin automanipularse,
sin juzgarse, simplemente atento a todo los contenidos internos,
entre los cuales pueden haber remanentes oníricos).
Rebobinar los
sueños que puedan recordarse evocándolos desde
atrás hacia adelante (lo cual facilita la afluencia de
recuerdos)
Si es necesario, rastrear
las distintas áreas de su vida para ligar el sondeo con
los recuerdos de algún sueño (afectos, trabajo,
salud, etc.)
El llevar un Diario de
Sueños implica una metodología específica
que facilita el hábito de recordarlos y, más aún,
de poder desentrañar sus significados. Si no dispone
de esos conocimientos, al menos tenga en cuenta que anotar siempre
algo (imágenes, sensaciones, emociones...) es sumamente
importante para comenzar a lubricar la memoria onírica.
(Para ello, duérmase con un anotador o un grabador a
su lado, pues el recuerdo de los sueños es rápidamente
evanescente!)
Hacer trabajos de elaboración
en algún momento de la semana o del mes (ilustraciones,
collages, comentar sus sueños con otras personas, etc.),
a fin de familiarizarse con el lenguaje de los símbolos,
propio del Inconsciente.
Procurar despertarse dentro
de los ciclos REM (a las seis o siete horas y media de dormir).
Proporcionarse estímulos
no tumultuosos antes de dormir (lecturas con imágenes,
música suave, poesía, etc.).
Procurar ser ordenado en
la regularidad del dormir (cantidad de tiempo y horarios de
sueño).
Si no está habituado
a prestar atención a sus sueños y prueba aplicar
algunas de estas sugerencias, tenga presente que a algunas personas
al principio la ansiedad les produce dificultades para dormir...
o, paradójicamente, aún para recordar! Estos ejercicios
muchas veces requieren de ajustes personales que tengan en cuenta
las características propias del soñante o su situación
vital particular. Y, sobre todo, como cualquier aprendizaje
que valga la pena, necesita del suficente tiempo y paciencia
para consigo mismo (que nuestra cultura de fast food no nos
enseña, precisamente, a cultivar!).
Pero
para quien practica con dedicación e inteligencia,
el desarrollo de la capacidad de recordar y comprender los
propios sueños se vuelve un modo muy peculiar de establecer
un contacto amistoso y respetuoso para con el propio Inconsciente
(y ya no sólo en relación a los sueños,
sino a todo nuestro universo íntimo y sensible). Algo
muy importante a tener en cuenta es que, desde este enfoque
que reúne conceptos de Oriente y de Occidente, podemos
decir que nuestro Inconsciente no es sólo el madrigal
de nuestros conflictos y traumas, sino, mucho más allá
de ello, es básicamente la fuente de otro tipo de sabiduría:
la sede de nuestro Sí Mismo.
Tengo
claro, al compartirle toda esta información, de que
se trata sólo de lineamientos generales para trabajar
con los propios sueños, y que encarar este tema con
seriedad y hondura requeriría de mucho más espacio
del que disponemos.
Nos
iremos encontrando, entonces, para explorar este tema que,
en lo personal, después de años de investigarlo
no ha agotado mi interés y mi sensación de misterio
ante esa inteligencia del Inconsciente.
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