Sala de Lectura

“Visión Transpersonal” (Revista “Uno Mismo”, Marzo de 2009), por la Lic. Virginia Gawel

Enterarse de lo secreto

Ahora que estás leyendo estas palabras te pido que, sin quitar los ojos de las letras, te des cuenta de las imágenes que tus ojos perciben en la periferia del globo ocular; sí: estás captando mucha más información que la que capta tu visión focal (que es con la que estás leyendo). Hace poco me sucedió que, dando una clase virtual en mi notebook (para lo cual tipeo a mucha velocidad, procurando expresar mi pensamiento a los alumnos, hiperconcentrada), mi visión periférica percibió un rápido movimiento a la izquierda que me alertó de inmediato: era una enorme araña que se estaba por subir al almohadón sobre el que yo estaba sentada. ¿Cómo pude percibirla, si mi tarea requería la más absoluta concentración? He aquí la respuesta: el ojo humano está diseñado para captar en la periferia aquello que pueda atentar contra la supervivencia, mientras el individuo está abocado a cualquier tarea focal. Esto que sucedió ante la araña, acontece todo el tiempo. Y no sólo con el ojo, sino con todos los sentidos. Quizá te haya sucedido que, por ejemplo, mientras viajabas en colectivo, atento a tus pensamientos, a una lectura o al paisaje, de pronto alguien pronunciara algo que te es importante (el nombre de tu ciudad natal, el título de un libro que te interesa, o cualquier otra cosa), y tu atención fuera captada por esas palabras súbitamente, como si hubieras estado escuchando esa conversación ajena todo el tiempo. Esto es porque el oído también capta periféricamente. La implicancia psicológica de este mecanismo es que siempre percibimos todo. Veamos qué es lo que ello significa...

La Psicología Transpersonal nos dice que el Inconsciente tiene inteligencia propia: una inteligencia no-racional, compleja y hábil. En el fenómeno descripto, el Inconsciente recoge esa información periférica, junto con algunos detalles que la percepción focal registra, pero que conscientemente no advertimos. Esto funciona así: las impresiones llegan a la mente organizándose según un patrón de figura-fondo (en este instante, por ejemplo, tus ojos toman como figura las letras impresas, e ignoran el fondo del papel; si prestaras atención a ese fondo, pasaría a ser figura, y dejarías de ver las letras). Así, parte de la información que percibimos es seleccionada como figura, y el resto queda como fondo al cual no se le adjudica atención consciente. Pero... el Inconsciente nada desperdicia: absorbe esa información y la archiva junto con los otros datos aportados por la atención periférica. También guarda micro-percepciones que duraron apenas segundos, por lo cual la conciencia no pudo advertirlas (sí el Inconsciente): pequeños gestos, un mínimo lapsus de quien te habla... ¿Qué sucede cuando frente a nosotros lo que está manifestándose es el engaño, la mentira, el secreto...? Lo percibimos, pero, si no lo advertimos conscientemente, queda disponible en la memoria del Inconsciente. Desde allí, pujará por manifestarse mediante de sueños, actos fallidos, síntomas... Nuestro Inconsciente tratará de avisarnos sobre lo que él sabe, y nosotros, en la superficie, ignoramos.

Secreto” significa “segregado”; alude a que eso tan guardado no tiene un sello hermético: de algún modo se segrega hacia el exterior, como el jugo de una fruta cuya cáscara está rajada. Y lo captamos con esa percepción subliminal del Inconsciente. Sabemos, intuimos... algo nos lo dice, pero no lo podemos concientizar. A veces porque es un secreto bastante bien guardado; otras, porque la información nos es muy dolorosa, y la vamos negando hasta el momento en que podamos asumirla. Y allí ocurre otro fenómeno notable: es muy común que cuando nos enteramos de lo secreto, así se trate de una información penosa, experimentemos paradójicamente un profundo alivio. ¿Por qué? Porque la información inconsciente que pujaba por ex-presarse (dejar de estar presa) ya no ejerce presión. Nos alivia saber que sabíamos lo que no sabíamos. Y aquí recurro nuevamente a lo que las palabras dicen sin que lo advirtamos: “enterarsesignifica volver a ser entero”; así nos sentimos al incorporar información de la que nos veíamos privados. Hacerlo, muchas veces requiere de valor. Y no mentir, no ocultar, no privar a otros de información que necesitan para su alivio, también puede implicar un acto de enorme valentía. Tal vez todo el trabajo que un ser humano pueda hacer sobre sí mismo vaya en esa misma dirección: volver a ser entero. Bendito el que se atreva. §

(©Copyright Centro Transpersonal de Buenos Aires. Permitida su reproducción citando como fuente este sitio web.)

 



“Visión Transpersonal” (Revista “Uno Mismo”, Mayo de 2009), por la Lic. Virginia Gawel

La inflación del Ego: un riesgo en el Camino

El Camino interno es como un laberinto con muchas puertas; algunas simulan ser la salida, pero sólo existen que desarrollemos una de las más preciadas habilidades: la de discernir; qué es real y qué  imaginario, cuándo experimentamos Amor y cuándo un ilusorio enamoramiento, cuándo se dispara tal o cual mecanismo... Éste es el fundamento de toda sabiduría. En el Yoga se le llama viveka:una Joya que se adquiere mediante la práctica de la autoobservación constante.

La Psicología Transpersonal señala que uno de los mayores peligros para el Caminante es la inflación psíquica o inflación del Ego: implica que los nutrientes destinados a que nuestro verdadero Sí Mismo se fortalezca y se despliegue, sean en cambio capturados por nuestro Ego, “engordándolo”. La resultante es lo que antiguamente se llamaba arrogancia espiritual (una buena expresión, pues significa “arrogarse cualidades superiores a las que se tienen”).

Lo peligroso es que el Caminante deja de esforzarse en ir hacia donde cree que ya ha llegado. De todas las ilusiones que perturban la objetividad, ésta es una de las más difíciles de advertir, pues deforma nuestra noción de nosotros mismos y de los demás. Necesitaremos la ayuda de un buen terapeuta, de alguien que nos sirva de espejo... o de la vida. Sí: cuando vamos por el mundo creyendo ser quienes no somos, la vida oficia de estrepitoso corrector, mostrándonos, tarde o temprano, nuestro verdadero lugar. Los griegos llamaron a la inflación del Ego hybris:desmesura en el orgullo de sí. Y decían que a quien la ejerciera, la diosa Némesis le presentaba eventos que le hicieran colapsar esa arrogancia.

Todos somos propensos a este sindrome. A veces se da de modo intrapsíquico, sintiéndonos íntimamente superiores a los demás, aunque no lo afirmemos, o ejerzamos una falsa modestia desde la cual el Ego mismo se defina como “solamente un canal de lo Superior”, saboreando lo “especial” de su condición. En otros casos, el Ego inflamado de “poder espiritual” adopta una actitud beatífica, se adorna con ideas y se proclama “maestro”, “sanador”, o cualquier otra definición similar; no sólo estará confundido, sino que ayudará a otros a confundirse, pues ese Ego necesitará quienes alimenten su narcisimo. Esto sucede porque la inflación psíquica se fundamenta en un sentimiento de carencia, de ser poca cosa, el cual busca compensarse a mediante un rubro difícilmente medible: el de la evolución interior. Si la persona tiene aún algo sano en sí misma, su Inconsciente le recordará su situación fraudulenta. Si no, el sujeto caerá en una verdadera borrachera egoica, encantado de su “contacto directo con lo Divino”. ¡Estará en serios problemas! Y vivimos en una época donde este sindrome abunda como la mala hierba en el campo incultivado.

Siempre que abordamos este tema en los alumnos se genera inquietud. “¿Y si me estuviera sucediendo, sin advertirlo?”. Sostener esa pregunta puede ser salvador. Nos impulsa para entrenarnos en el arte de conocer todos los mecanismos del Ego, de modo que no nos veamos envueltos en ellos sin tener conciencia estamos resbalando hacia padecer este sindrome. O bien advertir que, por temor a esa arrogancia, por el contrario, nos emepequeñecemos tanto que dejamos de realizar nuestra tarea en esta vida (lo cual también es un problema muy común entre los caminantes!) Trabajar sobre el Ego es la materia más ardua en el proceso evolutivo. Y a la vez, -les aseguro-, una tarea apasionante... § 

(©Copyright Centro Transpersonal de Buenos Aires. Permitida su reproducción citando como fuente este sitio web.)

 



“Visión Transpersonal” (Revista “Uno Mismo”, Julio de 2009), por la Lic. Virginia Gawel

Manipulación: la araña interior

Todos tenemos dentro una araña. En algunas personas es más grande que en otras, pero en todos nosotros habita, pues es parte de nuestro equipo instintivo.

La Psicología Transpersonal señala que uno de los mayores peligros para el Caminante es la inflación psíquica o inflación del Ego: implica que los nutrientes destinados a que nuestro verdadero Sí Mismo se fortalezca y se despliegue, sean en cambio capturados por nuestro Ego, “engordándolo”. La resultante es lo que antiguamente se llamaba arrogancia espiritual (una buena expresión, pues significa “arrogarse cualidades superiores a las que se tienen”).

Lo peligroso es que el Caminante deja de esforzarse en ir hacia donde cree que ya ha llegado. De todas las ilusiones que perturban la objetividad, ésta es una de las más difíciles de advertir, pues deforma nuestra noción de nosotros mismos y de los demás. Necesitaremos la ayuda de un buen terapeuta, de alguien que nos sirva de espejo... o de la vida. Sí: cuando vamos por el mundo creyendo ser quienes no somos, la vida oficia de estrepitoso corrector, mostrándonos, tarde o temprano, nuestro verdadero lugar. Los griegos llamaron a la inflación del Ego hybris:desmesura en el orgullo de sí. Y decían que a quien la ejerciera, la diosa Némesis le presentaba eventos que le hicieran colapsar esa arrogancia.

Todos somos propensos a este sindrome. A veces se da de modo intrapsíquico, sintiéndonos íntimamente superiores a los demás, aunque no lo afirmemos, o ejerzamos una falsa modestia desde la cual el Ego mismo se defina como “solamente un canal de lo Superior”, saboreando lo “especial” de su condición. En otros casos, el Ego inflamado de “poder espiritual” adopta una actitud beatífica, se adorna con ideas y se proclama “maestro”, “sanador”, o cualquier otra definición similar; no sólo estará confundido, sino que ayudará a otros a confundirse, pues ese Ego necesitará quienes alimenten su narcisimo. Esto sucede porque la inflación psíquica se fundamenta en un sentimiento de carencia, de ser poca cosa, el cual busca compensarse a mediante un rubro difícilmente medible: el de la evolución interior. Si la persona tiene aún algo sano en sí misma, su Inconsciente le recordará su situación fraudulenta. Si no, el sujeto caerá en una verdadera borrachera egoica, encantado de su “contacto directo con lo Divino”. ¡Estará en serios problemas! Y vivimos en una época donde este sindrome abunda como la mala hierba en el campo incultivado.

Siempre que abordamos este tema en los alumnos se genera inquietud. “¿Y si me estuviera sucediendo, sin advertirlo?”. Sostener esa pregunta puede ser salvador. Nos impulsa para entrenarnos en el arte de conocer todos los mecanismos del Ego, de modo que no nos veamos envueltos en ellos sin tener conciencia estamos resbalando hacia padecer este sindrome. O bien advertir que, por temor a esa arrogancia, por el contrario, nos empequeñecemos tanto que dejamos de realizar nuestra tarea en esta vida (lo cual también es un problema muy común entre los caminantes!) Trabajar sobre el Ego es la materia más ardua en el proceso evolutivo. Y a la vez, -les aseguro-, una tarea apasionante... § 

(©Copyright Centro Transpersonal de Buenos Aires. Permitida su reproducción citando como fuente este sitio web.)

 


 
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